GINEBRA, 4 de febrero de 2021 /PRNewswire/ — Las demoras en los programas de detección, el diagnóstico por imágenes y las biopsias, los recortes en la cantidad de médicos disponibles para tratar a pacientes con cáncer hepático, las cancelaciones de cirugías y la disminución en la cantidad de pacientes que ingresan a ensayos clínicos fueron solo algunos de los problemas informados en la encuesta.

La Encuesta global de resultados del cáncer de hígado en la Covid-19 (CERO-19), dirigida por el grupo Barcelona Clinic Liver Cancer del Hospital Clínic de Barcelona, CIBEREH, y el Ospedale Maggiore Policlinico de Milán, incluyó 76 centros de tratamiento contra el cáncer de alto volumen que participaron durante la primera ola de la pandemia de COVID-19, y revelaron que el 87 % de los centros modificaron la práctica clínica para los pacientes con cáncer de hígado. Estos centros se ubican en Europa, Norteamérica, Sudamérica, África y Asia.

A nivel mundial, alrededor de 800.000 personas son diagnosticadas con cáncer de hígado cada año, lo que representa 700.000 muertes.

Los resultados que se presentaron hoy en la Cumbre Digital del Cáncer de Hígado de 2021, de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL), revelaron una lista de interrupciones al diagnóstico y a la atención. El 40,8 % de los centros admitió que había cambiado los procedimientos de diagnóstico, el 80,9 % había alterado los programas de detección y el 39,5 % había modificado los estudios radiológicos.

El Dr. Sergio Muñoz-Martínez, autor principal del estudio, explicó: «Nuestros resultados reflejan el impacto de la COVID-19 en la detección, diagnóstico y tratamiento de pacientes con cáncer de hígado en todo el mundo durante la primera ola de la pandemia. Las modificaciones en el tratamiento del cáncer de hígado debido a esta crisis aumentan la posibilidad de que una mayor cantidad de pacientes sean diagnosticados con una etapa más tardía del cáncer».

Estudios anteriores han demostrado que los peores resultados se asocian a esperar o demorar el tratamiento por dos meses.

Se demostró que las enfermeras de oncología hepática han asumido una función más central en las consultas telefónicas con los pacientes y en la transformación digital de los servicios. «La crisis de la COVID-19 ha fomentado inversiones en enfermeras de oncología hepática para reflejar su creciente función, así como en la educación y asesoramiento de los pacientes y sus familias», comentó el Dr. Muñoz-Martínez.

«Los futuros análisis proporcionarán información invaluable acerca de la efectividad clínica de las estrategias que se han implementado durante esta devastadora crisis sanitaria».

 

FUENTE European Association for the Study of the Liver (EASL)